La claridad en la redacción

Redactar un texto con claridad es organizar adecuadamente el material lingüístico ―palabras, oraciones― para que el lector acceda a los contenidos sin mayores percances, a través de una lectura fluida y perceptible. Cualidad que nos permite comprender la enunciación de una idea, su consecuente desarrollo y relación frente a otras ideas, en que el lector logra desentrañar el sentido de lo escrito y la intención del autor.

El esfuerzo por comprender la lectura no debe ser por defecto del texto, sino que, por razones extralingüísticas, el texto le origine al lector la necesidad de pensar y realizar su propia asociación de ideas. No por ser enigmático un escrito lo hace más interesante, culto o especializado. Las mejores ideas se expresan con claridad, sin rebuscamientos ni pretensiones retóricas.

Reconozcamos con ejemplos en qué consiste la claridad en un texto, qué efectos produce la falta de legibilidad y cómo iniciar un proceso de corrección estilística.

Algunos de los ejemplos tomados (ensayos), pertenecen a redacciones elaboradas por profesores universitarios. Ninguno de los escritos presenta modificaciones, por tanto, pueden contener errores gramaticales (sintaxis, puntuación…).

“La imagen-movimiento sólo se hizo realidad en el cine con dos elementos que introdujeron los cortes móviles y los cambios cualitativos: por un lado, a partir del movimiento de la cámara; es decir, con el plano haciéndose móvil; y, por otro, por medio del montaje, por la unión fija de diversos planos, operación que le otorgó una pura movilidad a la imagen. Al respecto, Deleuze señala que en un libro como Materia y memoria (1896), Bergson había ya encontrado una manera filosófica de analizar los cortes móviles y los planos temporales, presintiendo de manera profética el porvenir o la esencia del cine sin mencionarlo de manera explícita”.

La claridad, según el contenido

El anterior ejemplo plantea una inquietud: ¿para quién es claro este texto? Es decir, ¿la claridad depende del tipo de lector? Por una parte, muchos autores defenderán la claridad de sus escritos al creer tener ideas sobrentendidas y que han seguido “su propio orden lógico”. Por otro lado, el escritor se puede excusar también en el tipo de lector al que se dirige.

Para el caso del ejemplo, se podría acusar al lector de ‘ignorancia intelectual’ frente al tema si no ha comprendido el mensaje. Pero, desde la posición del lector, se podría juzgar al texto como hermético, oscuro y excluyente. ¿Qué se entiende por “los cortes móviles y los cambios cualitativos”? ¿Qué significa la frase “una manera filosófica de analizar los cortes móviles” o “los planos temporales”?

La cualidad de la claridad exige que se descifre los códigos que construyen los significados del mensaje (explicación, descripción y ampliación de conceptos); y, a través de esta enunciación lógica de ideas, el lector pueda reconstruir esa misma trama de significaciones. Por ejemplo, si no existe una clara definición de “corte móvil”, dicho código constituirá un tropiezo para la claridad en todas las relaciones que establezca el texto. El lector intentará interpretar o conjeturar significaciones erráticas, sin que descubra realmente la intención del autor.

Y entre más conceptos o ideas se presenten dentro de un mismo hilo discursivo, pero sin un apropiado tratamiento y adecuación de los contenidos (una debida exposición o argumentación), más confusión en la mente del lector. No basta una perfecta arquitectura gramatical, si los contenidos carecen de la información necesaria que nutra y haga crecer las ideas, para que el lector luego realice ―sin penosos contratiempos― el trabajo de descodificar los significados del texto.

Para llegar a comprender el párrafo del ejemplo, relacionado con el tema del cine y la filosofía, el autor debió definir previamente los conceptos que estructuran el mensaje. A pesar de que el público lector esté restringido a especialistas en la materia, una correcta exposición de ideas exige siempre la clara definición de conceptos; puesto que el código pasa por el filtro de experiencias (lecturas, estudios, vida) y modos de pensar y sentir particulares del escritor. Esto permite que se revalore, evalúe, amplíe, difiera, acote, interprete o se crea los códigos de significación, según las intenciones y visiones personales del autor. 

Aparte de la acción de definir, conviene que usted emplee estrategias de construcción textual como descripciones, procesos argumentativos y expositivos, narración, resúmenes, ejemplos, paráfrasis… Cada una de estas acciones coadyuvará para que la cualidad de la claridad pueda percibirse con respecto al nivel de contenidos del texto ―sin contar por ahora el nivel lingüístico.

Aprecie el siguiente ejemplo (tomado del libro de Marietta Whittlesey, El estrés) donde un tema es planteado desde diferentes estrategias de construcción textual y se define con claridad sus códigos de significación:

Con este ejemplo, queremos evidenciar unas estrategias de construcción textual ―posibilidades de tratamiento de un tema―, y de cómo esto, en consecuencia, determina el grado de claridad en la exposición de las ideas.

Usted habrá apreciado que el autor, en el fragmento, solo se centra en un propósito: definir el concepto de estrés. En ningún momento hace digresiones ajenas a este propósito; no aparta la atención del lector en ideas o conceptos que, aunque sean fundamentales para el tema general (el estrés), podrían afectar estructuralmente la unidad en la información, creando confusión y mayor dificultad de discernimiento de contenidos. Con excepción de unas cuantas líneas, el autor apenas hace un breve comentario introductorio en que contextualiza el tema y expone su intención general para el libro (dentro del cual está definir el estrés).

El propósito del texto necesita el suficiente espacio discursivo y de unas estrategias apropiadas, según el ámbito retórico fijado (público lector, afirmación de intención…), para que las antenas de la percepción lectora detecten con claridad la exposición de los contenidos. Por eso, el autor se ha preocupado por ejemplificar, contextualizar, describir, resumir, narrar, exponer y argumentar en torno a una acción cardinal: definir.

Una estrategia del autor para abordar el tema bien podría haber sido con el inicio de una detallada explicación del proceso fisiológico (la liberación de hormonas por las glándulas endocrinas, el aumento de tamaño de las suprarrenales y segregación de adrenalina, etc.); pero resultaría ‘estresante’ bombardear al lector desde el principio con una terminología especializada, más si el texto está dirigido a un público general.

Esta explicación se puede realizar después (como efectivamente lo hace el autor). Por ahora, es importante que el lector pueda codificar los elementos expositivos de menor complejidad, que se introduzca al tema con ángulos de tratamiento más amables y sencillos; esto es, contextualizar sobre el asunto, ser explícitos con la afirmación de intención (objetivo), parafrasear la idea (decirla en otras palabras), ser concretos (emplear ejemplos, narraciones), no alardear con tecnicismos, resumir, etc.

Estas acciones, junto con otras ya mencionadas y las que puedan surgir, según la creatividad del autor para presentar y organizar la información, conforman las estrategias de construcción textual. Estrategias que aparecen motivadas por las necesidades de desarrollo del tema; pero, también, en relación con el proceso de percepción y comprensión lectora.

Como escritores debemos pensar en las más adecuadas estrategias que colaboren en la percepción de quien se tomó la molestia de leernos. Pensar qué conocimientos o explicaciones exige nuestro lector para alcanzar una claridad plena sobre el tema. Tampoco debemos atomizar una idea en obsesivas explicaciones de toda índole; no hay que subestimar la inteligencia del lector, pues éste cumple la tarea de trabajar y re-construir el texto a partir de sus propias operaciones mentales.

Problemas contra la claridad, según los contenidos:

  • Demasiada información en uno o varios párrafos.
  • Ausencia de un propósito que coordine los contenidos del texto.
  • Conceptos no definidos o inclusión desmedida de conceptos.
  • Estrategias inadecuadas o limitadas para el tratamiento del tema.
  • Desorden en el manejo de la información (jerarquía de las ideas).
  • Presentación enrevesada de ideas abstractas.
  • Pérdida de la secuencia lógica del discurso (coherencia).

La claridad, según el nivel lingüístico

Por nivel lingüístico entendemos los aspectos formales del escrito: el uso gramatical, léxico y sintáctico. La claridad como cualidad del texto busca que el lector lea y comprenda sin dificultad, sin que las palabras expresadas y las estructuras oracionales perturben la aprehensión del sentido. El lector debe percibir ideas perfectamente delimitadas, sencillas en sus construcciones formales y situadas en un orden lógico.

Los problemas más comunes por falta de claridad en un texto corresponden a una puntuación indebida, a la construcción laberíntica de oraciones subordinadas y a la inserción indiscriminada de incisos inútiles. Es frecuente, también, el error en el empleo de un vocabulario inexacto, vago, que desorienta al lector en su proceso de codificación, dejándolo libre para interpretaciones diversas o sumiéndolo en la más completa confusión.

Los anteriores problemas pueden afectar seriamente la comprensión, el ritmo, el estilo y el sentido lógico de las ideas. Si no hay una correcta puntuación, peligra el enlace de las ideas, su orden lógico; además, se crea ambigüedad, incoherencia y fatiga en el lector por no poder captar las ideas.

A continuación identifiquemos estos problemas de claridad en los textos que nos sirven de ejemplo:

(1.1.) “La industria cultural crea el contenido de la diversión para perpetuarse. Hollywood, la industria cinematográfica, la industria editorial, la industria plástica y la industria gráfica con el control monopolítico de los medios de diversión, la industria cultural tiene el poder para controlar la estructura misma de la consciencia de los hombres que están frente a aquella”.

¿Ha tenido que leer este párrafo más de una vez para comprenderlo? ¿Qué ha sucedido? El error está en la puntuación y en el orden sintáctico. La primera oración (simple) se lee sin dificultad, y nos aporta el sujeto-tema del párrafo: la industria cultural. Después de esta oración, hay una sucesión de frases y una oración compuesta al final. Las frases suponen una aclaración o explicación con ejemplos, y guardan alguna relación con la oración compuesta; una relación que no puede delimitarse por una coma, como tampoco es admisible la posición inversa en que está la oración frente a los elementos subordinados a su área de significación (las frases). La oración compuesta incluye también el mismo sujeto-tema de la primera, y, a la vez, contiene un grado de subordinación frente a la primera.

Así, cambiando la posición sintáctica, la puntuación y modificando la presentación del sujeto de la oración compuesta, el párrafo corregido se aclara de este modo:

(1.2.) “La industria cultural crea el contenido de la diversión para perpetuarse. Industria que tiene el poder para controlar la estructura misma de la consciencia de los hombres que están frente a aquella: Hollywood, la industria cinematográfica, la industria editorial, la industria plástica y la industria gráfica con el control monopolítico de los medios de diversión”.

Ahora el párrafo reescrito se puede leer con más naturalidad y comprensión. El reordenamiento de las frases consecutivas y de la segunda oración, más los dos puntos, aclara la relación de enlace lógico entre estas unidades y con la primera oración; es decir, se matiza y da continuidad de ideas concernientes al sujeto tema (la industria cultural).

Lea a continuación otro párrafo afectado por la falta de claridad en su redacción:

(2.1.) “Pero lo que hemos olvidado los occidentales en este camino desenfrenado por la rentabilidad de la producción es que la obra de arte es un complejo de acontecimientos sensibles que tropiezan con su ser; que es el contexto de su representación y el hombre asimismo ha perdido su horizonte, que es lo que hace auténtica la obra”.

¿Hemos identificado oraciones claras y debidamente enlazadas? En torno a estas 59 palabras solo existen dos signos de puntuación que no representan una clara división de las partes interiores del párrafo. Por tanto, el texto es confuso, difícil de leer (y de corregir), dislocado y sin conexiones lógicas entre las ideas.

Para la corrección es prioritario identificar unidades oracionales, incisos, subordinadas; luego, los conectores lógicos y la puntuación debida. Así, una versión corregida del texto quedaría de la siguiente manera.

(2.2.) “Pero lo que hemos olvidado los occidentales, en este camino desenfrenado por la rentabilidad de la producción, es el aprecio de la obra de arte como un complejo de acontecimientos sensibles que tropiezan con su ser. Este es el contexto de representación. Y el hombre, asimismo, ha perdido su horizonte y, en correspondencia, la pérdida de autenticidad de la obra”.

Analice los cambios. Lingüísticamente se ha ganado en claridad; se distinguen unas unidades de sentido y la puntuación nos permite una lectura más fluida y comprensible. Por otro lado, se ha requerido introducir conectores lógicos, eliminar palabras (reiteración del relativo ‘que’) o agregar otras, todo con el fin de precisar y orientar con mayor claridad sobre la relación entre oraciones.

Sin embargo, volviendo al nivel de contenidos, ¿el texto es perfectamente claro? La duda persistirá en muchos lectores. ¿Sabe usted lo que significa “un complejo de acontecimientos sensibles que tropiezan con su ser”? La expresión es ambigua, abstracta y enigmática. Lo anterior requiere de una traducción a través de estrategias de construcción textual (es decir, con ejemplos, definición, paráfrasis, etc.); además de volver a pensar la finalidad que ocupa este fragmento frente a las intenciones generales del texto. En conclusión, un escrito que exige ―a pesar de las correcciones― una nueva revisión por parte del autor, tanto en su contenido (adecuación) como en lo formal.

Problemas contra la claridad, según los aspectos formales:

  • Puntuación incorrecta.
  • Extensos periodos sintácticos, con demasiados incisos o subordinadas (oraciones con más de 30 palabras).
  • Falta de exactitud en las palabras.
  • Ausencia de conectores que definan el orden lógico de las oraciones.

Textos originales de
Fabián Giraldo Bermúdez
Fragmento extraído del
libro El guion de la escritura®